Diseñar pensando en quien lee
0 Esta historia me tocó
0 Quiero sumergirme en la trama
0 Quiero conocer a fondo a sus personajes
0 Me intriga el mundo que han creado
0 Llévame a esos lugares

Diseñar pensando en quien lee

Cuando diseño un libro, no pienso solo en cómo se ve, sino en cómo se siente. Cada línea, cada margen, cada espacio en blanco debe tener una razón de ser. Diseñar pensando en quien lee es imaginar sus ojos, su ritmo, su respiración. Es construir un camino amable para que las palabras no se pierdan en la forma.

En El Huevo que volvió a cantar, me acompañó algo que valoro mucho: la conversación con ChatGPT. A través de ella, pude ordenar ideas, probar combinaciones y descubrir nuevas maneras de equilibrar texto e imagen. A veces uno se encierra tanto en lo visual que olvida el corazón de la lectura: el mensaje. Esta herramienta me ayudó a volver siempre a esa pregunta esencial: ¿qué quiero que el lector sienta?

Hay libros que hablan de temas más serios y quiero que también puedan ser leídos por niños mayores, de siete años en adelante. En esos casos busco tipografías con forma, con una pequeña chispa de juego. Tal vez un niño no reconozca el tipo de letra, pero sí notará que hay algo en ella que sonríe. Y eso ya vale más que cualquier teoría tipográfica.

Por muy fácil que parezca, elegir el diseño es complejo. Hay que pensar en los contrastes entre el texto y el fondo: demasiado claros y cansan; demasiado suaves y desaparecen. Hay que encontrar el punto exacto donde el ojo se siente cómodo. También amo incluir imágenes. Pero colocar una ilustración no es cuestión de azar: debe dialogar con el texto, no interrumpirlo. Cada imagen es una pausa, un respiro, una ventana.

Cuando pienso en quien lee, entiendo que el diseño no es decoración: es acompañamiento. Diseñar es tender una mano invisible y decirle al lector, sin palabras: camina conmigo, este camino fue hecho para ti.

— Draco Sahir

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