En esta nueva canción, nace una confesión: “El amor no lo es todo”. Natalia le canta a esa dualidad que tanto duele como fascina. Al amor que parece ambrosía, pero que también exige reconciliación. Al amor que inspira poetas, pero que se construye en los gestos pequeños, en el sostenerse cada día.
El estribillo es un relicario:
“Conserva mi amor en tu relicario,
atesórame en la entrada de tu diario,
márcame ya con fuego en el santuario…”
Aquí, lo erótico se mezcla con lo espiritual. No es solo un cuerpo, ni solo un recuerdo: es el deseo de ser guardada en lo más íntimo, como algo que trasciende.
De Entre Amores y Abismos aprendimos que el amor verdadero no se mide por la intensidad del inicio, sino por la fuerza de sostenerlo en el tiempo. Esta canción es la última pieza del álbum, el eco de todo lo aprendido: amar no basta con sentir, también hay que cuidar, perdonar, y a veces dejar ir.
Con ella cierro un ciclo. Un disco que es también un libro, y un libro que es también la vida de una historia.