A veces, el silencio ruge más que los dragones. No hace falta fuego ni alas: basta con el peso invisible de lo que se acumula dentro. Esa rabia callada, esa tristeza escondida, pueden medirse en energía: 1000W, 15000W, cifras que parecen técnicas pero que son latidos contenidos.
Quizá un día esos colmillos escondidos despedacen lo que parecía inmutable. Quizá no. Lo cierto es que la innotoriedad no siempre es vacío: también es una fuerza latente que no busca aprobación, sino desbordar en su propio tiempo.
Me gusta pensar que escribir sobre ello es una forma de reconocer esa llama, aunque se esconda bajo capas de sombra. Y si alguien más se da cuenta, aunque sea uno solo, el silencio ya no es absoluto.
Te invito a seguir recorriendo este blog, donde cada texto guarda un rugido distinto, esperando su momento. 🌌