El Jesuita del Vino, cepa del replanteamiento, de la muerte y el renacer. Una decepción, una fuerza, una valentía. Cuando esos elementos se alinearon, una creación surgió. No sé qué tan relevante será, qué tanto impacto tendrá, cuántos lo leerán o hasta dónde llegará. Sólo quería escribirlo, conectar y verter mi energía vital en él.
Mi propósito era iniciar una vida en la escritura. Siempre tuve muchas ideas, escribí y nunca terminé nada. Nunca fui coherente. Pero cuando el propósito se conecta con esa emoción faltante, surge la motivación verdadera, la fuerza interior que te impulsa a continuar incluso en los días sin luz.
Últimamente, observo a muchas personas que quieren ingresar en este mundo y se caen a mitad de camino. Esa falta de determinación puede nacer de la ausencia de un propósito real o de una emocionalidad viva en el relato. Escribir sin sentir es como respirar sin aire.
Practica tu armonía, cultiva tu propio espíritu. Haz algo por ti, de forma consistente: medita, camina, escribe, pero no dejes que el impulso se apague. Disciplina y autovaloración son las llaves que abren el taller del alma.
Si algo tiene de especial el joven aspirante a Jesuita, Bartolomeo De La Cruz, es su obstinación por hacer algo con sus propias manos, confiar en sí mismo y mezclarlo con un sentimiento. Tal vez irracional o inconsciente. Propósito + Emoción + Disciplina. El triángulo que sostiene toda creación verdadera.
¿Y tú? ¿Cuál es el propósito que enciende tu escritura? Descubre El Jesuita del Vino en nuestro faro, y deja que su fuego te inspire a construir la tuya.