La mujer que se sienta frente al mundo
0 Esta historia me tocó
0 Quiero sumergirme en la trama
0 Quiero conocer a fondo a sus personajes
0 Me intriga el mundo que han creado
0 Llévame a esos lugares

La mujer que se sienta frente al mundo

La escena del micrometraje me parece una revelación. Una mujer se sienta frente al arroyo. No huye, no espera, no suplica. Solo se sienta. Y en ese gesto se resume toda una vida: la de quien, por primera vez, puede hablar con sinceridad, sin miedo al eco de sus propias palabras.

Hay algo profundamente espiritual en esa quietud. No es resignación, es poder. Es el instante en que el alma deja de justificarse y simplemente es. La mujer del arroyo me recuerda a Natalia Del Monte, de Entre Amores y Abismos. Ella también encontró su voz frente al agua, ese espejo líquido que no juzga, solo refleja lo que somos cuando dejamos de escondernos.

El río no interrumpe. Escucha. Y al escucharla, la libera. Hablar frente al agua es un acto de fe, de reconciliación con la voz propia. Es decirse a sí misma: “Ya no necesito permiso para sentir.”

En esa imagen —una mujer sola, madura, serena— hay una fuerza ancestral. El poder de la que se reconoce, la que no pide perdón por su luz, la que encuentra belleza en su edad, en su silencio, en su cuerpo que aún respira curiosidad.

Quizás por eso el agua y la palabra están tan unidas. Ambas fluyen. Ambas limpian. Ambas sanan. 🌿

Y cuando esa mujer se sienta frente al mundo, no lo hace para contemplarlo: lo hace para recordarse que también es parte de él. Que su voz, aunque suave, puede mover ríos.

— A.C. Elysia

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