Revisar un texto es tan compromisorio como escribirlo. A veces, incluso más. Es un proceso que puede hacerte sudar, porque estás frente a la tentación constante de modificar algo crucial. Los cimientos de un texto deben ser sólidos: si no lo son, cualquier cambio puede desmoronarlo.
Imagina que escribes una obra completa de doscientas o trescientas páginas. Si nunca revisas, todo puede desarmarse. Pero si revisas sin un método, corres el riesgo de no avanzar jamás. Por eso, creo que la revisión debe hacerse con ritmo y propósito. Yo la recomiendo al final de cada capítulo, nunca en mitad del impulso creativo.
Antes de escribir, la planificación es tu brújula. Es cierto: los textos tienden a escapar de la planificación inicial. Déjalos hacerlo, pero conscientemente. Si el rumbo cambia, no te culpes. Acepta el nuevo horizonte y sigue navegando hacia él. La revisión no es un castigo, es un mapa que te enseña cómo llegaste hasta aquí.
Lo peor que puede hacer un escritor es paralizarse en el bucle de la corrección infinita. He visto —y he sido— ese tipo de escritor que escribe dos capítulos y luego quiere borrarlo todo. "Puaj" —como diría yo—, no quisiera volver a serlo nunca más.
Afortunadamente, La Reversión de las Divinidades no significa eso para mí. Pero sé que, cuando vuelva a ella, tendré que hacerlo con más calma, más precisión y más amor. Porque revisar, en el fondo, es una forma de amar lo que creaste.
Si alguna vez sientes que no puedes avanzar, recuerda esto: el texto no necesita ser perfecto, sólo necesita que sigas caminando junto a él. 🌟