La ciudad y las sombras - Parte 3: Lo que no se dice
0 Esta historia me tocó
0 Quiero sumergirme en la trama
0 Quiero conocer a fondo a sus personajes
0 Me intriga el mundo que han creado
0 Llévame a esos lugares

La ciudad y las sombras - Parte 3: Lo que no se dice

Yo no sé por qué hablé tanto. Normalmente no cuento nada. Nadie pregunta. Nadie escucha. Y si escuchan, escuchan mal. Todo lo que digo se vuelve arma, se vuelve rumor, se vuelve mierda.

Pero esta noche fue distinta. Quizás porque el loco de la barra —el mayor— no tenía cara de policía ni de cura. Tenía cara de alguien que también está tratando de sostenerse. Y esa hueá se nota.

No sé cómo terminamos hablando de perros. Me gustan los perros. Son bacanes. No te mienten nunca. No te miran raro. No te juzgan. No te tiran mala. Si te quieren, te quieren entero. Si se quedan, se quedan hasta el final. Ojalá yo fuera así. Ojalá la gente fuera así.

Hablamos del deporte. De la fuerza. De cómo entrenar calma la cabeza. Yo entreno porque si no, me muero. Así de simple. Si no muevo el cuerpo, se me queda pegado el corazón.

Y el loco dice que parecíamos buenas personas. Casi me reí. No tiene idea. Nadie tiene idea.

Igual lo dije: “Nos portamos mal”. No lo dije pa’ provocar. Lo dije pa’ avisar. Pa’ que no nos confundiera. Pa’ que supiera que éramos peligrosos. Que andábamos en hueás raras. Que no somos del tipo que te dan confianza.

Pero él no se fue. Se quedó ahí. Escuchó.

No sé por qué conté lo del negocio. No sé por qué conté lo del dinero. No sé por qué conté lo del cansancio.

La verdad es que estoy chato. Aburrido de esta vida donde todo es rápido, intenso, fácil… y vacío. Uno se llena los bolsillos, pero se pudre por dentro. Es como vivir arriba de un tren sin frenos: si te tiras, te matas; si te quedas, igual te mueres.

Y sí. Pienso en Dios. Me da vergüenza decirlo, porque suena tonto. Pero creo que si no creo en algo, me pierdo. Si no creo, me vuelvo peligroso hasta pa’ mí mismo.

Cuando el loco contó que casi se había muerto, se me apretó la garganta. No sé por qué. Quizás porque encuentro injusto que alguien que no hace daño tenga la muerte tan cerca… mientras yo sigo vivo haciendo cagadas.

No sé si quiero seguir en esto. No sé cómo salirme. No sé si se puede salir. No sé si vale la pena.

Solo sé una cosa: el tiempo corre, hermano. Y cada día que me despierto… siento que me queda menos.

Tercer fragmento de un encuentro narrado en siete partes. Aún no todo ha sido dicho.

— Lauren Cuervo

Entrada de blog: La ciudad y las sombras - Parte 3: Lo que no se dice © 2025 by Lauren Cuervo is licensed under CC BY-NC-ND 4.0