Si pudiera decirles algo sin que sonara solemne, sería esto:
La vida no es una línea recta. No es una sola vida. Son varias, y a veces cambia entera en un solo paso.
El tiempo corre, sí. Pero también se detiene. Se detiene cuando hablamos. Cuando escuchamos. Cuando alguien deja de ser extraño y se vuelve espejo.
Me quedó claro algo esa noche: ustedes no son lo que hacen. Nadie lo es.
La calle enseña a esconderse detrás de la fama fácil, del dinero rápido, del respeto por miedo. Pero detrás de cada gesto duro se esconde una razón más blanda: el miedo a caer más abajo.
Yo no vine a entrenar para juzgar. No llegué para dar sermones. No tengo recetas livianas.
Solo tengo una verdad que aprendí cuando casi me fui de este mundo: vivir no es sobrevivir.
Ustedes tienen fuerza de sobra. Tienen voluntad. Tienen disciplina. Tienen lealtad. Tienen cuerpo.
Quizás lo único que falta es creer que ese mismo músculo que hoy levanta el peso del día… también puede levantar el peso del cambio.
No es fácil. No es rápido. No es heroico.
Pero es posible.
Y si la vida que llevan hoy les raspa el alma, dejen que esa incomodidad los despierte, no que los destruya.
El tiempo corre, sí. Pero también espera. Es cuestión de decidir hacia dónde se camina cuando uno abre los ojos.
Quinto fragmento de un encuentro narrado en siete partes. El sentido empieza a tomar forma.