Como ya contaron Lauren y Elysia, Marsheeall, Sharkody & Co. nacieron del deseo de crear algo nuevo, luminoso y familiar. En mi caso, quería construir algo bonito, algo que pudiera hacer sonreír incluso a los días más grises.
Yo pensaba en Lauren y en Elysia. Los miraba como si fueran mis padres simbólicos. Nunca pensé en sus físicos, claro está, sino en sus características. Lauren tiene una especie de 'patología': una adicción a los dulces. Es de esas personas a las que no se les puede mostrar un caramelo sin riesgo de que desaparezca misteriosamente. 🍬
Pobre Elysia. No se le puede regalar nada frente a él. Porque ella, con suerte, alcanzará a comerse una unidad antes de que Lauren lo devore todo. Chocolates, galletas, lo que sea. ¡Pobre mujer!
Entonces pensé en crear un dulcesito femenino: la protagonista, la reina de este zoológico (claramente). Y él, un devorador. Voraz. (Si lees esto, Lauren, esta palabra es para ti: VORAZ.)
El resto de la familia nació de ellos. Pero había algo que no encajaba en la lógica: ¿cómo podía una foca y un tiburón formar una familia? Y ahí estuvo el clic. No tenía que tener lógica. Quise crear lo que me naciera: animales, plantas, elementos de la naturaleza. Una familia que nos recordara que lo esencial no es parecerse, sino pertenecer.
Porque todos venimos del mismo Big Bang —o como yo prefiero llamarlo, del Big ¡¡¡Booom!!!—, esa chispa original que nos hizo distintos pero conectados. Entonces, ¿por qué insistir en separarnos?
Los mensajes que Elysia me compartió —y muchos otros que fui creando después— nacieron con ese propósito: ayudar, acompañar, reconfortar. Son frases que pueden tocar a cualquiera, en cualquier parte del mundo. Una caricia breve para el alma, en forma kawaii.
Así se forjaron las 50 galletas de la fortuna: pequeñas cápsulas de ternura universal. Porque a veces, lo más simple —una sonrisa, una palabra amable— es también lo más profundo. 💖