Hace un año atrás, sentí ganas de hacer algo diferente. Una serie de productos personalizados. Y quería un ícono, pero no lograba dar con el qué. Al principio, pensaba en las historias en sí mismas, pero para eso tenían que tener estrellato.
Entonces pensé: ¿y si creamos un personaje que lo tenga desde el inicio? La verdad es que nunca estuve seguro de si lo lograríamos. Pero le pedí a Draco Sahir que pensara en algo tierno, que conectara con la familia y que —de algún modo— pudiera representar lo que somos: unión, calidez y humor.
Un día, Draco se sentó frente a mí con una sonrisa y dijo: “¡Mira esto!”
—¿Qué son estos monos gorditos?
—¡No les digas así! ¡Son rechonchitos!
De alguna manera, estiré la mano porque mi inconsciente quería saber si se podían comer. Cuando estaba a punto de tocarlos, Draco me dio un palmetazo.
—¡Detente! ¡No son para comer! ¡Son personajes!
—Bueno... no me los comeré. ¿De casualidad los harás galletas?
—¡Que no son para comer!
Y ahí estaba yo, con un puño en la cara y haciendo pucheros, escuchando su idea. Pero cada cosa que decía me encantaba. Hasta que soltó la frase que cambió todo:
“Podríamos hacer productos con estos monitos kawaii, porque son una gran familia que nunca se achica. Solo crece.”
Ahí quedé sorprendido. No solo eran personajes adorables: tenían historias, preocupaciones y pequeñas aventuras cotidianas. Nada de mundos por salvar, nada de finales del universo. Solo una historia como la tuya o la mía, contada con ternura y humor.
Así nacieron Marsheeall, Sharkody & Co. —una familia hecha de galletas, dibujos y sonrisas, que hoy sigue creciendo una frase, un abrazo y una fortuna a la vez. 🍪💛
Te invito a seguir descubriendo sus aventuras y mensajes en este blog. Cada post es una miga más de su historia.